“Preñaditas” la obra con la que Maritza Mendoza fertiliza las tablas
Por Carolina Marín Guevara
Luego de la bonanza petrolera en la Venezuela de los años 80, comenzaron a publicarse en los diarios nacionales, informaciones relacionadas con el embarazo precoz o adolescente. Se manejaban cifras del 20% de los embarazos atendidos en hospitales, que correspondían a unos 11.596 nacimientos, al menos 2.438 pertenecían a jóvenes de 14 a 17 años. José Gabriel Núñez escribe el unipersonal, Preñaditas, el año 2016, y para entonces, 101 de cada mil nacimientos eran de adolescentes en el país.

El teatro está unido por ese hilo que conecta la realidad a la ficción, una se inspira de la otra, y así, surge el personaje de Lastenia, una mujer que se adueña de su experiencia maternal, sus estudios elementales sobre puericultura o psicología, y su interpretación de esas madres descritas en la literatura universal, tales como Medea, Yocasta o la mismísima Bernarda Alba, para atender a unas ignorantes, jóvenes y muy preñadas, muchachas de algún barrio local.
Irrumpe por la puerta de ese salón, Lastenia, interpretada por la primera actriz carabobeña, Maritza Mendoza, y desde ese instante, ya el público sabe que ese torbellino de expresión y torrente de voz, llevaría el peso de la obra sobre su destreza como actriz. No fue posible quitarle la mirada, ni parpadear ante la actuación que hizo sentir la voracidad de una mujer que se proyecta superior ante esas jóvenes primerizas que pudimos imaginar allí sentadas sobándose sus barrigotas, gracias a la dirección, a la última dirección que hizo el maestro, Juan Martins. Ha sido un dolor enorme saber, que al día siguiente del estreno de Preñaditas, falleciera el 30 de agosto de 2026, en la ciudad de Maracay. Durante el montaje, el maestro Martins se sintió muy mal y en su auxilio, acudió como asistente de dirección, José Ochoa, quien aseguró haber respetado su concepto de dirección.
Cada inflexión de la voz, que pasa de sabionda, chismosa, narradora de historias y hasta de secretos íntimos de alcoba, hacen que Mendoza se transfigure ante cada texto y su secreta intención que revela al fin. Se trata de una forma muy coloquial y de humor venezolano del que se nutre Núñez para dar vida a una situación social que no ha cesado con los años. Sin banda ni diseño sonoro que acompañara cada escena, fue una proeza física y vocal de la actriz abrazar el texto. Lastenia menciona que su amable esposo le cantaba, «La vaca lechera», cuando amamantaba a sus hijos, y ese fue el tema que coreó junto con el público antes de los aplausos de pie.

“La maternidad es el proceso más sublime que pueda tener una mujer en su vida… esa, esa especie de hechizo, de magia, de cuento de hadas… de ensueño que mezcla el encanto con la inocencia con que ustedes entregaron la flor de su virtud, es decir el momento en que fueron desfloradas”, dice Lastenia con ironía y morbo desde el escritorio que se posa solitario en la escena, una escenografía creada especialmente y que acompaña la puesta.
Cuando Lastenia recurre a recordar a las madres más malas, malísimas de la literatura universal, comienza el gozo actoral. Desde la mitología griega inicia el viaje de Mendoza con Medea con su trágica historia de amor; narra la trágica historia de Medea quien se desposa con su propio hijo y así se cumple la peor profecía de la mitología griega; así mismo, justifica la cruel decisión de Bernarda Alba con sus 5 hijas y recuerda a Lorca, su autor. Este inciso dramático justifica el desenlace de la “tertulia” para el mensaje final y la sorpresa.
Es destacable la impactante plasticidad de Maritza Mendoza, su vigor en escena y flexibilidad. Su cuerpo se expresa desde cada poro de su piel.
Maritza Mendoza cuenta con más de 50 años de conocimientos y experiencia sin parar como actriz, directora y maestra. Luego de la partida física de su compañero, el dramaturgo y director, Miguel Torrence, ella continuó con el proyecto de ambos de impulsar el Teatro Arlequín y sin interrupción, sigue actuando incansable, elevando el telón y formando nuevas generaciones de actores y directores en Carabobo.
El Teatro Arlequín se está convirtiendo en la cita semanal del lenguaje diverso, creativo y abierto del teatro regional. Un empeño terco por devolver el esplendor de las artes escénicas, dejar un legado y asegurar el pase de mando. Hace falta así mismo, fomentar y consolidar la charla, el encuentro de los artistas y el público, la tertulia necesaria con la bohemía, la buena música y calidez del espacio.



