“Somorgujo” insufla un nuevo aire al teatro carabobeño
Dirección y adaptación de Francisco Luquez
Por Carolina Marín Guevara
Un texto literario, un autor japonés, un escenario, se enciende una luz de calle que conduce a los personajes hacia un destino laberíntico. Se trata de la puesta en escena de Somorgujo, obra recientemente estrenada en el Teatro Arlequín de Valencia, dirigida por Francisco Luquez. Somorgujo es el cuento de Haruki Murakami escrito en 1983 en el que la soledad, desesperación y poética surrealista se encamina hacia una absurda búsqueda en la que se ha convertido la vida.
Cada silencio, ritmo y propósito está entrañablemente conectado con el hilo actoral de tres personajes interpretados por Rómulo Miguel Contreras (Jefe), Carlos Javier Ramos (Hombre), José Gregorio Solett (Portero), habitados en la gestualidad por sutiles movimientos que recuerdan al ave acuática. El diseño sonoro ambiental se basa en el trino y graznido del somorgujo, así como el vestuario emula la gama de colores de su plumaje, tanto como el detalle del maquillaje en la caracterización de cada personaje que adopta el antifaz característico del pájaro. El diseño de iluminación de Antonio Sánchez, abrió los caminos de estos tres hombres y transformó cada espacio en un diálogo íntimo.
La trama evoca algún pasaje kafkiano, la burocracia infinita y el tedio del movimiento sin fin que conduce a un final que se une nuevamente con el inicio. Luquez convirtió el hastío de los personajes en actuaciones inesperadas y profundas, en giros precisos y necesarios ante los diálogos sentidos de la pluma de Murakami.

Destaca en el montaje la simpleza de los elementos escénicos ante su significado en la historia. Cada objeto remite a la realidad atemporal y cotidiana de un entorno a la vez frío en el que habitan el hombre en busca de la promesa de un empleo que salvaría su vida; un portero que exige una contraseña inesperada la cual daría paso al supuesto trabajo y un jefe que permanece en el escenario con movimientos calculados como el segundero de un reloj antiguo. Estos personajes parecen suspendidos en un limbo existencial donde el objetivo inicial importa menos que el proceso que encarnan los actores durante la obra.
Cada una de las interpretaciones mantiene un suspenso, una gestual potente ante el mutismo que evoca el asombro. Contreras en su veteranía transforma un largo silencio de su personaje en un espasmo milimétrico de su cuerpo sobre el sillón de presencia constante en escena que da cuenta del paso del tiempo; por su parte, Ramos cuenta con una importante plasticidad y expresión convincente, mientras, Solett mueve las tablas intensamente, insufla la soberbia del personaje y lo lleva hasta rayar con un inocencia perversa.
Luquez es un director y dramaturgo (distinguido con el 2do lugar del concurso de dramaturgia 2025) que sigue su camino formal de capacitación y con Somorgujo, es el segundo montaje que dirige este año, recordamos Su Frida, basada en una interpretación de la vida de la artista Frida Khalo. Forma parte de la Asociación venezolana de noveles directores (Avendit), fundada por el maestro, Miguel Torrence y que hoy en día preside la primera actriz y directora, Maritza Mendoza, la cual tiene como fundamento la formación y montaje de obras teatrales por noveles directores.
Somorgujo eleva la vara del teatro carabobeño el cual se muestra afortunadamente muy activo estos meses, con una programación semanal en distintos espacios de la ciudad de Valencia, que promete una variedad de géneros, lenguajes y destrezas actorales. Aplaudimos tantos telones por levantarse. El público respondió con entusiasmo este montaje, a sala casi llena, sobre todo integrado por “gente del teatro”. A nuestra consideración, Somorgujo merece una temporada, luego de su propuesta de buen nivel.



